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Las risas de los viernes son las lamentaciones de los domingos

Las risas de los viernes son las lamentaciones de los domingos

La cita era a las 12 de la mañana en el Polideportivo Municipal de Alpedrete. Nuestros Juveniles se enfrentaban desde la cabeza de la tabla con el C.D. Alpedrete en uno de esos partidos trampa por la propia condición mental de nuestros jugadores. Y es que los chavales demostraron hoy su gran defecto: Falta de intensidad contra los equipos que ellos, en sus conversaciones de whatsapp y de fiesta nocturna, consideran “malos”. Esa falta de respeto hacia el rival se va haciendo día a día más patente, sin querer entender que no existe equipo pequeño y que si quieren olvidar la mediocridad y ganar el título que ésta generación se merece desde que empezaron a jugar juntos la mayoría, allá por Alevines, el único camino es demostrar que realmente lo quieren y salir al campo en todos los partidos como salen cuando se enfrentan a “los de arriba”.

Y es que aquí “los de abajo” te pueden hacer un siete en cuanto te descuides. El resultado final, empate a dos tantos, es injusto para los locales, que si bien han dado una verdadera lección magistral de antifútbol y de pérdida de tiempo, tolerada por el árbitro, cierto es que en todo momento los alpedreteños han jugado más intensos, con más hambre de balón y con más concentración que los verdiblancos, que salieron al campo con el partido ganado sin haberlo empezado.

La primera parte ha sido lamentable por la falta de intensidad de los hasta hoy líderes de la tabla, algunos de los cuales estaban aún de “recorrido”. Todos, absolutamente todos los balones medianamente divididos han sido para los locales que corría más, tocaba más, llegaba más y, en definitiva, quería ganar más. Una defensa timorata, un medio campo inexistente y sin espíritu y una delantera mediocre, con más voluntad que capacidad, define el plantel que ha salido al campo hoy, ante la desesperación del técnico Javier Fernández, y de los espectadores que nos concerlogotamos en las gradas del pueblo vecino.

Producto de ello, en el minuto 6 de partido se adelantan los locales en una escapada de Diego Carranza, por banda derecha, que sin casi oposición de la defensa, bate a Rodrigo en una salida tardía. Desde ese momento, un quiero y no puedo que se alargó hasta el pitido final de la primera parte, excepción hecha de un tiro al larguero de Mario al saque de una falta desde la frontal del área, falta que era un penalti que sólo el árbitro vio fuera… Y aunque fuera falta, señor colegiado, era el último defensor el que la hace cuando el 10 guadarrameño encaraba solo al portero, por lo que debería haber sido tarjeta, como mínimo “naranja”.

Aún así, no vamos a culpar del resultado en el ecuador del partido ni al árbitro ni a nadie más que a nuestra propia indolencia.

La segunda parte, leída la cartilla por Javi a sus “jugadores” de hoy, salen con una micra más de intensidad, apretando a los locales, que aguantaron los envites ordenados y con fe, hasta que en el minuto 51, (otra vez en el 6 ésta vez de la segunda) un contraataque nos pilla pensando en que aún ganaríamos de sobrado, y nos colocan el 2-0 en una balón elevado ante el que Rodri poco puede hacer.

Así las cosas, parece que sonó el despertador y nuestros leones se enteraron de que la hora había cambiado y que ya estaban jugando al fútbol, lo que, aprovechando un bache físico de los locales, y aún sin centro del campo (aún estamos buscándolo), empezó el acoso y derribo de la portería local. Pero no fue hasta el 75 que Alejandro Arellano consiguió abrir la lata con un magistral tiro de falta a diez metros de la frontal, que se coló en la meta de los de rojo.

Los quince últimos minutos fue un acoso constante, con algún susto al contraataque de los locales (con una jugada que debería haber supuesto la expulsión de nuestro portero en una entrada tan innecesaria como extemporánea), sin resultado alguno de cara al marcador, hasta que en el minuto 93, José Tomás se escapa de su marca y consigue colocar el segundo gol visitante, tan tardío como injusto, no por el jugador sino por la vergüenza de juego exhibida por un conjunto que, en teoría, aspira al ascenso.

Señores: O nos quitamos ese halo de excelencia y superioridad que lucís contra “los de abajo” o ése título que decía antes os merecéis desde hace tiempo, no llegará nunca… y cuando se llega a una edad, las noches de fiesta se olvidan, pero los campeonatos ganados quedan para siempre.

Ficha del Partido

Leones de Castilla

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